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Coletazos pandémicos y el rol de las finanzas para el desarrollo

Terminamos el 2021 y la pandemia, a pesar de la mayor información y control que se va teniendo gracias a la aplicación masiva de vacunas, todavía sigue dando sendos coletazos. Uno de los últimos, se registró a finales de noviembre, cuando apareció con fuerza -por su poder de aceleramiento de contagios la variante Ómicron que, cuando parecía que la reactivación económica iba por buen camino, nuevamente obligó a reactivar, más bien, medidas restrictivas; lo cual, es un indicador que el 2022 será un año en donde la incertidumbre, sobre la base de noticias relacionadas a la evolución de la pandemia, será la variable que vaya poniendo el ritmo a la reactivación del consumo y, con ello, la inversión, producción y el empleo tan deseado por cerca de 7 de cada 10 ecuatorianos que integran la Población Económicamente Activa (PEA).

De ahí, las instituciones que integran el sector de las finanzas para el desarrollo deberán, en sus planes operativos 2022, considerar a este perfil de entorno en donde “lo sanitario” seguirá siendo la variale guía al momento de definir metas y tomar decisiones que, en entornos diferentes, serían, por supuesto, distintas.

Entonces, queda claro, ahora en un entorno global -dentro del cual el Ecuador es parte y no está exento- estratégicamente la creación de nuevos productos financieros y/o la adaptación de los ya existentes -en cuanto a plazos, montos, garantías, períodos de gracia y tasas de interés-, ecesariamente, tienen que responder a una triada de crisis global -sanitaria, económica y social- que, por su fuerza, cada día va modificando el comportamiento de los consumidores, inversores y productores.

Con lo cual, como es obvio, el tejido productivo -micro, pequeñas, medianas, grandes empresas y todos los actores de la economía popular y solidaria- se ve afectado, principalmente, en lo que tiene que ver a una necesidad, cada vez mayor, de acciones -expresadas en la generación y/o adaptación de productos existentes- que ayuden a mejorar la situación de inclusión a todo nivel; siendo una de ellas, precisamente, la inclusión financiera que, pensando sistémicamente, deberá ser orientada -como la “verdadera” inclusión financiera- hacia los sectores poblacionales que están en mayor nivel de vulnerabilidad que, con la pandemia, ha aumentado de forma exponencial.

Es decir, con la potenciación de la triada en crisis -señalada en el punto anterior- la necesidad de inclusión multidimensional dirigida a atender las mayores necesidades de vulnerabilidad socioeconómica tiene que convertirse en ese “foco directriz” de las metas y acciones de quienes forman parte de la finanzas para el desarrollo; ya que, solo así, su razón de ser misional pasará de simples discursos y potentes acciones que, desde la óptica macro, serán las piedras de la construcción de ese puente que permita pasar hacia una nación más justa, productiva, solidaria, equitativa e inclusiva.

En donde, la actitud sinérgica de todos los ecuatorianos -base del trabajo cooperativo, colaborativo y compartido-, definitivamente, será elgran motor de días mejores sustentados en una preocupación central por la mejora del bienestar del ser humano, eso sí, en buena y sana convivencia con los demás seres vivos que también habitan este maravilloso planeta llamado Tierra.

Por último, un excelente 2022 para todos quienes trabajamos, desde diferentes frentes, en pro de la consolidación de una VERDADERA INCLUSIÓN FINANCIERA que, si nos proponemos y actuamos colectivamente, sí es posible alcanzarla. ¡Vamos adelante que SÍ PODEMOS!

Dr. Wilson Araque Jaramillo, PhD
Presidente
RFD